Kajillionaire

Mis abuelos paternos
arruinaron la vida de mi padre.
Mis abuelos maternos
arruinaron la vida de mi madre.

Entre ambos
quisieron arruinar la mía.

No es más que una vulgar
historia de familia.
No me quedó otra opción.
Tuve que matarlos.

Familia – Estela Figueroa

Kajillionaire es el tipo de película que me dan ganas de discutir con mi terapeuta durante una sesión. Me llevó en un segundo a una sala al fondo de una iglesia en West Village, en donde más de una vez asistí los domingos a las reuniones de “Adult Children of Dysfunctional Families”. Iba un poco por curiosidad y otro poco porque me hacía sentir mejor. Yo había llegado a las reuniones por medio de la prima de mi mejor amiga que vivía en Nueva York hacía un par de años. Ella estaba yendo a las reuniones y me invitó a ir con ella un domingo. La primera vez que fui me sentí incómoda. Era como en las películas: las sillas, las personas saludándose, pidiendo permiso para hablar, contando cómo todavía acarreaban traumas de su pasado y cómo esto les impedía relacionarse sanamente con otros.

Kajillionaire me llevó a ese momento: cuando ves que hay otras personas con historias terribles, distintas o similares, todas con el común denominador del abuso en alguna medida, y te das cuenta de que todos estamos conectados de cierta forma. Aunque nuestras historias sean distintas, todos necesitamos lo mismo. 


Miranda July lo sabe. “Me and you and everyone we know” tiene un poco de eso también: seres humanos que no logran resolver su propia necesidad de intimidad, de ser vistos, y lo buscan incesantemente en otras cosas, en otros.

Creo que ambas películas, Kajillionaire y Me and you and everyone we know, son obras bellas porque dan esperanza. Hay algo en lo poético de los hechos que ocurren que nos hace sentir acompañados, unidos, parte.

En algún momento el sistema familiar enfermo se rompe y empieza el caos, los roles se invierten, la dinámica cambia. La persona que es manipulada se rebela, empieza a verse a ella misma, a reconocer su deseo y con entereza (aunque también dolor) intenta escapar del círculo tóxico. La película transiciona este proceso a la perfección en tan sólo una hora y cuarenta minutos.

Casi al final de la película, vemos cómo Old Dolio ofrece a sus padres parte del dinero que ella ganó para que puedan pagar la renta. La madre le dice que no se preocupe, que ellos son los padres y que se van a encargar de eso, que ella puede descansar. Creo que todos en ese momento estamos esperando que sea cierto, que no sea un intento más de manipulación.

Si no viste la película, no sigas leyendo o seguí, aunque spoiler alert: Casi al final de la película Old Dolio dice: “si es tan sólo mi tercio, 525, eso significa que sólo podemos ser como somos, pero te queremos y te deseamos lo mejor”. Creo que esta última oración podría ahorrarnos varios años de terapia. Sólo podemos ser como somos, eso no significa que a su manera no la hayan querido, ni tampoco significa que ella tenga que quedarse en un lugar donde no sea vista.

Me parece gracioso que en muchas entrevistas le preguntan a Miranda acerca de las similitudes con su “vida real” y la ficción de la película. Casi siempre la entrevista se dirige a su tendencia cleptomana o a saber qué hizo que se interesara tanto por una historia en donde se roba. Yo creo que el robo o la logística de los padres y Old Dolio para conseguir dinero y sobrevivir es parte del argumento de la película, pero en un segundo plano. La dinámica familiar es la estrella de la película.

A mí me parece mucho más interesante pensar qué es lo que lleva a Miranda a retratar muchas veces a padres narcisistas y a sistemas disfuncionales, a almas heridas y sedientas, más allá del universo rico y de la problemática que presentan. 

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